Legítima defensa: La delgada línea entre el derecho y el delito.

La legítima defensa establece que quien protegiendo un derecho personal o ajeno, actúe incluso de manera violenta, podrá ser exonerado de responsabilidad penal, para ello se debe estar ante un peligro real, actual e inminente en donde la defensa puede asistir hasta el momento en que el peligro acabe. Sin embargo, existe una delgada línea entre un altercado y la legítima defensa, y esta radica en el propósito o finalidad de cada una. Aunque en ambas se da un combate, la primera mencionada se origina con el fin de causarle daño al otro, la legítima defensa por su parte, uno de los contrincantes lucha por su derecho de protegerse.

Para analizar mejor esta situación analicemos el reciente caso de un guardaespaldas adscrito a la Unidad Nacional de Protección (UNP), Mario Muñoz, el cual reabrió el debate acerca del límite de defensa y protección, el protector, mientras evitaba un caso de hurto causó la muerte de uno de los ladrones. El argumento establecido es el derecho a la legítima defensa radicado en el artículo 32 del Código Penal, el cual define 12 situaciones en las que se puede alegar ausencia de responsabilidad penal:

1. En los eventos de caso fortuito y fuerza mayor.

2. Se actúe con el consentimiento válidamente emitido por parte del titular del bien jurídico, en los casos en que se puede disponer del mismo.

3. Se obre en estricto cumplimiento de un deber legal.

4. Se obre en cumplimiento de orden legítima de autoridad competente emitida con las formalidades legales.

No se podrá reconocer la obediencia debida cuando se trate de delitos de genocidio, desaparición forzada y tortura.

5. Se obre en legítimo ejercicio de un derecho, de una actividad lícita o de un cargo público.

6. Se obre por la necesidad de defender un derecho propio o ajeno contra injusta agresión actual o inminente, siempre que la defensa sea proporcionada a la agresión.

Se presume la legítima defensa en quien rechaza al extraño que, indebidamente, intente penetrar o haya penetrado a su habitación o dependencias inmediatas.

7. Se obre por la necesidad de proteger un derecho propio o ajeno de un peligro actual o inminente, inevitable de otra manera, que el agente no haya causado intencionalmente o por imprudencia y que no tenga el deber jurídico de afrontar.

El que exceda los límites propios de las causales consagradas en los numerales 3, 4, 5, 6 y 7 precedentes, incurrirá en una pena no menor de la sexta parte del mínimo ni mayor de la mitad del máximo de la señalada para la respectiva conducta punible.

8. Se obre bajo insuperable coacción ajena.

9. Se obre impulsado por miedo insuperable.

10. Se obre con error invencible de que no concurre en su conducta un hecho constitutivo de la descripción típica o de que concurren los presupuestos objetivos de una causal que excluya la responsabilidad. Si el error fuere vencible la conducta será punible cuando la ley la hubiere previsto como culposa.
Cuando el agente obre en un error sobre los elementos que posibilitarían un tipo penal más benigno, responderá por la realización del supuesto de hecho privilegiado.

11. Se obre con error invencible de la licitud de su conducta. Si el error fuere vencible la pena se rebajará en la mitad.

Para estimar cumplida la conciencia de la antijuridicidad basta que la persona haya tenido la oportunidad, en términos razonables, de actualizar el conocimiento de lo injusto de su conducta.

12. El error invencible sobre una circunstancia que diere lugar a la atenuación de la punibilidad dará lugar a la aplicación de la diminuente.

Los magistrados a cargo del caso mencionado, afirman que cualquier homicidio se debe investigar sin importar sus circunstancias, en el caso del escolta Muñoz se deben probar cinco requisitos para demostrar sus acciones como legítima defensa: que se trató de una reacción a una agresión intencional que lo ponía a él o a la víctima del hurto en peligro, que la amenaza estaba en curso y debía protegerse, que su acción era necesaria para impedir el ataque, que la defensa fue proporcional tanto en especie de bienes y medios y que el episodio no fue producto de una provocación previa para luego alegar legítima defensa, como sería el caso de las peleas o riñas.

Es vital comprender la complejidad de la legítima defensa, debido a las graves consecuencias que el desconocimiento de sus límites puede conllevar.

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